Ves cosas y dices ¿por qué? Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no? (Bernard Shaw)

domingo, 18 de diciembre de 2016

Ella



Ella sólo deseaba una cosa, y la deseaba con todas sus fuerzas. La deseaba tanto que era incapaz de abandonar la idea de que tal vez no merecía recibirlo...por el momento.

Se dedicaba a quejarse de que, queriéndole tanto, él no le mostraba todo lo que ella "necesitaba" sentir. Le repetía una y otra vez las siguientes palabras:

"Yo quiero alguien que me quiera a todas horas, que esté ansioso por verme, que me escriba y que me llame constantemente, que me abrace y que me escuche, que me consuele, que me bese lento, que me coja de la mano y hable a todos de mi, que me presente a sus amigos, que sonría al verme y me diga que me quiere siempre para él"
Y le reafirmaba, y lo que más deseo... es poder dárselo yo a alguien que parezca apreciarlo tanto como lo aprecio yo.

Todos sus pensamientos, los de ella, se centraban en sí misma y en lo que ella quería o pensaba. Parecía que era incapaz no sólo de llevarlo a cabo, sino de ponerse en el lugar de quien tenía en frente escuchando sus palabras y comprobar que efecto provocaban éstas en él. Era insoportablemente distante al decir eso. Se encerraba en ella misma y en su imaginación mientras se dedicaba a autocompadecerse por no alcanzar sus sueños.
Mientras, él la miraba y gritaba por dentro de desesperación. Quería dárselo. Quería dárselo todo, pero no se sentía capaz. Creía que era inútil y que él no era lo suficiente para ella, por lo que ella no valoraría lo que guardaba en su interior.

Ambos se centraban en sí mismos. Ambos se empequeñecían en lugar de crecer... A pesar de lo mucho que se querían, acabaron convirtiéndose en enanos de amor y gigantes de ego.

Llegó el día en que el ego tiró de él y decidió desistir en su intento por mantener una situación que desde tan abajo no lograba sostener con el amor. Ella, a pesar de crecer en ego y tapar así su gran amor hacia él, confiaba plenamente en que nadie era tan adecuado para ella como lo era él, por lo que cuando descubrió que él se había marchado y su gran ego no servía de nada se empequeñeció hasta casi desaparecer. De hecho, eso era precisamente lo que ella buscaba.
Había estado mucho tiempo agachada sujetando sobre sus espaldas al pegajoso narcisismo que tanto dolor le provocaba y ahora que se había esfumado no sabía mantenerse erguida y ligera. No sabía lo que era vivir dirigiendo su amor hacia alguien que parecía muy diferente de la persona que creía que era él. Desaparecer parecía la opción menos dolorosa para esa espalda magullada y ese amor encogido por los años.

domingo, 19 de agosto de 2012

El poder de las cosas que nos hacen sufrir

“Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.” 
Madre Teresa de Calcuta

Hoy, desde los días de nostalgia y sufrimiento, comprendo más que nunca esta cita de Teresa de Calcuta y aprendo a no sufrir tanto por el hecho de no comprender las cosas que me causan dolor, porque confío en que el fin de este dolor es hacerme más fuerte y confiar más en Dios, que al fin y al cabo es quien nos da y nos quita lo que tenemos (siempre en nuestro propio beneficio) para acercarnos más por el camino que nos tiene preparado.

Paulo Coelho en su libro "El alquimista" llama "señales" a estos gestos, intuiciones y cambios que ocurren en nuestro camino y no llegamos a entender. En su libro, nos pide que, creamos en Dios, en dioses, en la suerte, en las simples señales o en un anciano que sabía nuestro pasado, nunca dejemos de seguir a esas señales que nos marcan el camino por el que debemos ir. Y cuando estas señales nos provoquen sufrimiento e incomprensión, que nos armemos de valor y paciencia y tratemos de darles una oportunidad obrando siempre con equilibrio entre la razón y el corazón.

Es precisamente ese equilibrio entre razón y corazón lo que tanto nos cuesta alcanzar, porque nadie más que nosotros podemos saber realmente lo que llevamos dentro. Y nadie más que nosotros deberíamos tomar decisiones sobre nuestro presente y futuro. 

A veces nos estancamos y bloqueamos ante pensamientos que nos obligan a encontrar ese equilibrio... esto puede ser también una señal... Señal de que no es el momento de actuar todavía, o señal de que no estamos preparados para tomar esa decisión. Lo mejor en estos casos es, si es un problema con una persona, comentarle de todo corazón nuestra situación, y muy probablemente encenderemos en esa persona una nueva conducta, que a pesar de que su resultado puede llegar a destruir algo que queríamos por encima de nosotros mismos... seguirá formando parte del camino que debemos recorrer.

El verdadero equilibrio está formado de desequilibrios que se van compensando constantemente, y a veces, cuando perdemos el ritmo de compensación y todo parece no tener solución, la única solución es un desequilibrio total... "una ruptura del sistema" como diría la Teoría general de sistemas en psicología. Ese cambio, será el que nos ayude a reconstruir, si debiera ser así, el camino que debemos emprender de forma correcta. Sería similar a hacer una pastel en el que sin darnos cuenta incluimos un ingrediente pasado. Y por más ingredientes que añadamos, el pastel sigue teniendo un mal sabor. Únicamente tirar el pastel y comenzar de nuevo con la receta será lo que devuelva el buen sabor al pastel. Y aunque nos haya parecido una perdida de tiempo, hemos adquirido experiencia con la receta y al no ingerirlo nos hemos evitado enfermar.

Así que vuelvo a recordarme a mi misma... que "toda acción tiene dos asas...una que vale y otra que no" Epicteto

Procuremos tomar siempre la opción que nos permite seguir de frente, apreciando y valorando el presente y con miras hacia el futuro con optimismo y esperanza... que se adquieren en momentos malos con paciencia y confianza (o fe, llamalo como quieras).

sábado, 7 de julio de 2012

 "El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es" Jorge Bucay


"Nadie se cruza en tu camino por casualidad y tú no entras en la vida de nadie sin ninguna razón" solían decir. Yo me lo creía siempre porque apoyaba ese argumento en mis experiencias pasadas, de las cuales siempre había sacado, a veces visto desde la distancia, más cosas positivas que negativas.
En muchas ocasiones pensaba en algo injusto que me había pasado con una amiga y me decía a mi misma que esa regla no servía, que únicamente percibía dolor y sufrimiento a la vez que vergüenza por dar todo y sentirme en cierto modo "defraudada". Cuando pasaba el tiempo me sentía feliz por no ser yo la que decepcionaba a los demás, por confiar en ellos hasta que me demostraran lo contrario. Y era entonces cuando me daba cuenta de que de esa experiencia había aprendido considerablemente.

No obstante, ahora es uno de esos momentos en los que me pregunto, no si no ha servido de nada conocer a esa persona... sino... "¿Habrá entrado en mi vida únicamente para esto cuando parecía que iba a tener que quedarse?"
Y no es que me parezca poco, es que me sabe a poco...

Es bastante difícil asumir que tienes que desviar del rumbo de tu vida a una persona por no hacerle daño cuando sabes que ni esa persona ni tú queréis alejaros de lo que teneís. Ese es punto débil, desordenado, sucio, incómodo y plagado de miedos y desconfianzas en el que no dejas de cuestionarte si estás haciendo lo correcto y lo mires desde donde lo mires parece que puedes hacerlo mejor, pero cuando coges fuerzas para hacerlo...vuelve a tornarse inestable y los miedos te acosan hasta arrancarte las lágrimas sin tu consentimiento. Entonces empiezas a pensar de qué manera algo tan agradable, sincero y que te completaba tanto ha dado la vuelta para producirte justo el efecto contrario... y tu sola te respondes diciendo que lo que te causa ese estado es el hecho de distanciarte de ello. Y te quedas con una pregunta en el aire cuya respuesta te resulta dolorosa por la incertidumbre de sus respuestas: "¿Por qué lo permites?"

"¿Por qué se supone que así es mejor?", "¿Por qué te sientes tan mal al intentar hacerlo de otra manera?" y las respuestas no aparecen, y la mente se bloquea a la par que la respiración se hace más pesada y los ojos se humedecen de pura impotencia.

La decisión está tomada y hay que seguir un camino... la indecisión es lo que más daña. Yo haré hoy lo que crea que debo de hacer... y quien sabe... tal vez mañana...vea que apredimos mucho más de lo que pretendíamos aprender.


domingo, 24 de junio de 2012


 
"Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta"
~John Lennon~

lunes, 18 de junio de 2012

Emoción

Los sentimientos y las emociones son el lenguaje universal que debe ser honrado. Son la expresión auténtica de quiénes somos. - Judith Wright

Sentimos constantemente a lo largo de día montones de emociones que no somos capaces de transformar en sentimientos. Percibimos continuamente las cosas bellas de la vida, a veces sonreímos, otras nos ponemos nerviosos, tristes, melancólicos, eufóricos... pero poco duran esos pequeños pensamientos sobre lo que acabamos de observar, escuchar, oler, saborear o incluso tocar.

Dedicamos nuestras vidas a cumplir objetivos, uno tras otro... "Ahora me levanto, me lavo los dientes, me preparo el desayuno, cojo los apuntes de las clases de hoy..." y antes de acabar de hacer la primera tarea ya estamos pensando en la segunda sin disfrutar todo lo que deberíamos de cada una de ellas. Cada día se vuelve más rutinario y monótono y pocas cosas consiguen ponernos el vello de punta o quemarnos por dentro.

Con esto, la vida se nos va vaciando de las cosas importantes mientras se nos llena de ansiedades, estrés, mal humor o aburrimiento general. Olvidamos que simplemente el estar en un lugar sin más puede ser una gran experiencia. Es difícil aburrirse si, cuando al fin tenemos un hueco en el que no tenemos nada que hacer, cerramos los ojos un instante y nos centramos en potenciar alguno de nuestros sentidos. Por ejemplo, cerramos los ojos y acariciamos con las manos algo que tengamos cercano, ya sea nuestra ropa, una piedra del suelo, un bolígrafo, nuestras propias manos... Una vez hecho esto nos permitimos sentir sin más la presión del tacto, el cambio que acompaña al movimiento de nuestras manos, la rugosidad o suavidad del objeto y ni siquiera nos cuestionamos si esa sensación nos resulta agradable o no. Simplemente sentimos.

Si logramos esto, conseguiremos "detener" nuestro tiempo y apreciar más detalles de nuestra vida haciendo que sea más intensa y satisfactoria. Y en realidad ¡cuantas cosas nos perdemos por permitir a la mente tapar nuestros sentidos!

Como me explicó Mariló Temprado un día, esto al principio cuesta, porque al dejar de ser niños nos privamos de esa cualidad, por lo que es posible que tengamos que aportar un mínimo esfuerzo para volver a aprender a empujar esas agujas del reloj que con tanto impetu fuerzan nuestras vidas hacia nuestro siguiente objetivo. No obstante, si lo hacemos con la suficiente frecuencia, esto no debe costarnos ningún tipo de esfuerzo más adelante, ya que pasa a ser un modo automático de vida en el que aprendemos a apreciar aquello que nos rodea.

Por mi parte he de decir, que muchas veces me dejo llevar por la corriente de la comodidad y estabilidad de las vidas ocupadas, porque es cierto que a veces da miedo pararse a valorar cuanto tenemos. Aún así, el hecho de saber que cuento con el poder de llenarme completamente con los sentidos que tengo me ha ayudado a hacer más mio mi mundo. Es algo que no se me olvida, y aunque no lo cumpla siempre, ese pensamiento viene muchas veces a revolver mi memoria y a pedirme que vuelva a experimentar sensaciones que sacien mi vida.