Suspiro profundamente para
aullentar mi nostalgia. Siento una peso extraño y difuso sobre mi pecho que me recuerda que las cosas ya no volverán a ser como eran
antes.
Retomo mis pensamientos y me invade un sentimiento agridulce.
Sonrío. Lo echo de menos. Echo de menos la
simplicidad de las cosas de antes. Me lamento por haberlas cambiado por ser prudente, por detenerme al conocerte en lugar de lanzarme al
vacío y ser sincera.
Las cosas han cambiado. Ya no hay vuelta atrás.
Me siento impotente ante un futuro desaprovechado, no por su mala calidad sino por mi
inconformista visión de él. Me pregunto qué será lo que me enseñe esta situación. Vuelvo a suspirar.