Pierre Corneille decía "el que elige mal para sí, elige mal para el prójimo" mientras que C. Spurgeon decía "entre dos males no elijas ninguno". ¿Cómo saber entonces qué elegir? ¿Cómo discernir lo que es un mal de lo que no lo es?
Cuando se mezclan razón y emoción y forman un entresijo de contrariedades se hace ardua la tarea de decidir. Es cierta la cita que menciona que "el corazón tiene razones que la razón no atiende", lo que solo añade más complicaciones al asunto. Lo que sumado a las múltiples y diversas opiniones que nos suelen dar hace que, en ocasiones, pueda resultar hasta doloroso el tener que renunciar a una elección.
Siempre me han enseñado que el poder de elegir es lo que nos otorga la libertad y lo que crea nuestra personalidad. Como menciona William M. Bulger "no hay mejor medida de lo que una persona es que lo que hace cuando tiene completa libertad de elegir". La vida es una sucesión de renuncias a unos caminos para tomar otros. Incluso cuando vamos a una heladería y decidimos tomarnos nuestro helado favorito estamos renunciando al resto de sabores. Pero cualquier acción que decidieramos llevar a cabo nos conduciría a un resultado diferente, y resulta imposible abarcarlos todos.. y aunque se pudiera, el conjunto de todos ellos nos llevaría a otro camino.
También se oye decir que "cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección". Es cierta esta afirmación, pero también es cierto que cuando se llega al punto de tener que tomar una decisión (lo que implica una alteración del estado actual) normalmente es debido a que las cosas necesitan ser cambiadas por el motivo que sea. Esa modificación siempre será mejor que la no modificación, ya que todo cambio produce unos resultados. Si éstos no superan la situación anterior, nos conducirán a realizar otro cambio y nos llevaremos como compensación la experiencia y el aprendizaje de esa situación; y si resulta que la situación mejora, es que hemos tomado el camino adecuado. Es más que sabido que esto únicamente podemos comprobarlo si avanzamos en ese recorrido. Una vez andado, ya no volveremos a caminar por ese lugar de la misma manera, porque se nos añaden los conocimientos de los que nos hemos nutrido de las experiencias anteriores.
Visto de esta manera pueden surgir dos formas de verlo:
-Produce miedo e inseguridad el hecho de que siempre estemos andado sobre un camino inexplorado y por el que no podremos regresar nunca de la misma manera.
-Es una satisfacción saber que los caminos van cambiando, y que no pasa nada si erramos. La vida es un proceso formado por constantes cambios. Lo que debemos hacer es no quedarnos parados en mitad del camino... debemos seguir siempre adelante, porque vayamos por donde vayamos, siempre tendremos una desviación en cada una de nuestras elecciones que pueda cambiarnos el rumbo.