Ves cosas y dices ¿por qué? Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no? (Bernard Shaw)

domingo, 24 de junio de 2012


 
"Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta"
~John Lennon~

lunes, 18 de junio de 2012

Emoción

Los sentimientos y las emociones son el lenguaje universal que debe ser honrado. Son la expresión auténtica de quiénes somos. - Judith Wright

Sentimos constantemente a lo largo de día montones de emociones que no somos capaces de transformar en sentimientos. Percibimos continuamente las cosas bellas de la vida, a veces sonreímos, otras nos ponemos nerviosos, tristes, melancólicos, eufóricos... pero poco duran esos pequeños pensamientos sobre lo que acabamos de observar, escuchar, oler, saborear o incluso tocar.

Dedicamos nuestras vidas a cumplir objetivos, uno tras otro... "Ahora me levanto, me lavo los dientes, me preparo el desayuno, cojo los apuntes de las clases de hoy..." y antes de acabar de hacer la primera tarea ya estamos pensando en la segunda sin disfrutar todo lo que deberíamos de cada una de ellas. Cada día se vuelve más rutinario y monótono y pocas cosas consiguen ponernos el vello de punta o quemarnos por dentro.

Con esto, la vida se nos va vaciando de las cosas importantes mientras se nos llena de ansiedades, estrés, mal humor o aburrimiento general. Olvidamos que simplemente el estar en un lugar sin más puede ser una gran experiencia. Es difícil aburrirse si, cuando al fin tenemos un hueco en el que no tenemos nada que hacer, cerramos los ojos un instante y nos centramos en potenciar alguno de nuestros sentidos. Por ejemplo, cerramos los ojos y acariciamos con las manos algo que tengamos cercano, ya sea nuestra ropa, una piedra del suelo, un bolígrafo, nuestras propias manos... Una vez hecho esto nos permitimos sentir sin más la presión del tacto, el cambio que acompaña al movimiento de nuestras manos, la rugosidad o suavidad del objeto y ni siquiera nos cuestionamos si esa sensación nos resulta agradable o no. Simplemente sentimos.

Si logramos esto, conseguiremos "detener" nuestro tiempo y apreciar más detalles de nuestra vida haciendo que sea más intensa y satisfactoria. Y en realidad ¡cuantas cosas nos perdemos por permitir a la mente tapar nuestros sentidos!

Como me explicó Mariló Temprado un día, esto al principio cuesta, porque al dejar de ser niños nos privamos de esa cualidad, por lo que es posible que tengamos que aportar un mínimo esfuerzo para volver a aprender a empujar esas agujas del reloj que con tanto impetu fuerzan nuestras vidas hacia nuestro siguiente objetivo. No obstante, si lo hacemos con la suficiente frecuencia, esto no debe costarnos ningún tipo de esfuerzo más adelante, ya que pasa a ser un modo automático de vida en el que aprendemos a apreciar aquello que nos rodea.

Por mi parte he de decir, que muchas veces me dejo llevar por la corriente de la comodidad y estabilidad de las vidas ocupadas, porque es cierto que a veces da miedo pararse a valorar cuanto tenemos. Aún así, el hecho de saber que cuento con el poder de llenarme completamente con los sentidos que tengo me ha ayudado a hacer más mio mi mundo. Es algo que no se me olvida, y aunque no lo cumpla siempre, ese pensamiento viene muchas veces a revolver mi memoria y a pedirme que vuelva a experimentar sensaciones que sacien mi vida.