MATEO 13:13-17"Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo NO VEN, y oyendo NO OYEN, NI ENTIENDEN"Miro el reloj. Son las 8 de la mañana y me espera un duro día por delante. Permanezco en la cama unos instantes mientras valoro el hecho de que un día más me he despertado, y no solo eso, sino que todo cuanto amo también lo ha hecho conmigo. No me falta nada.
Sonrío y abrazo fuerte a mi peluche como me gustaría hacerlo con cada una de las personas en las que estoy pensando. Suelto una débil carcajada al aire mientras me levanto de un pequeño salto y enrojezco al pensar que alguien ha podido oírme. "Seguro que piensan que estoy loca" pienso, y vuelvo a
sonreír.
Escojo rápidamente mi ropa del día y la meto en el baño. Mientras me preparo para ducharme enciendo el grifo para que se vaya calentando el agua. Me meto bajo la ducha y siento el agua templada acariciar mi cuerpo.
Sonrío de nuevo. Me seco con la suave toalla que espera impaciente cumplir su función y me cambio sin esperar apenas a estar bien seca. Me quedan quince minutos para irme o llegaré tarde.
Voy a la cocina y me preparo mi
Nesquik que mi novio queriéndome cuidar me ha comprado con mucha ilusión.
Sonrío otra vez. Le añoro...
Aviso a mi hermano de que ya estoy lista para ir a la universidad. Cogemos nuestras respectivas mochilas y bajamos al coche. Le cuesta arrancar, está viejo y frío, pero al segundo intento se pone en marcha. Enciende la radio y los dos cantamos al unísono durante todo el trayecto.
Sonreímos al hacerlo.
Al llegar a la universidad él me deja en mi facultad y se va a la suya. Le agradezco el haberme traído y me
sonríe.
Me doy cuenta de que con las prisas no me he cepillado los dientes después de desayunar, así que me acerco al Mañas a comprarme un par de chicles, que espero refresquen mi boca llena de chocolate.
Sonrío de nuevo. Hoy tengo dinero de sobra para desayunar, comer y merendar en la universidad.
Me dirijo a mi facultad dónde en cinco minutos empieza la primera clase. Son las 8:55
Subo los dos pisos de escaleras que me separan de mi clase y jadeando aun abro la puerta hacia la clase repleta de gente que no para de hablar frente a una profesora paciente que espera al silencio para comenzar. Un minuto más y llego tarde. Vuelvo a
sonreír.
Me siento junto a mis compañeros y les pido que me ubiquen un poco en que asignatura estoy. Se ríen.
Sonrío.
Pasan las dos horas de clase de Psicología Fisiológica y me doy cuenta de que, a pesar de los muchos apuntes que he tomado, me he enterado de más bien poco. Me chafo un poco, pero me vuelvo a animar al recordar que ahora tenemos 10 minutos de descanso antes de la siguiente clase: Psicología de la Motivación y Emoción.
Aprovecho para ir al baño con mis compañeras que, aunque cansadas, no paran de hablar. Yo estoy nerviosa. Ayer por la tarde operaron al padre de mi novio y aun no se nada de ellos. Sé que no han dormido, así que espero para llamarle a que descanse un poco más.
Ellas almuerzan. Yo aun no tengo hambre.
Llegamos a clase y el profesor está en ella, esperando de nuevo. Le miro y le
sonrío. Me cae bien. Parece un buen hombre.
Acaba la hora de clase, más productiva que la anterior, que nos acaba de rematar. Estamos cansadas y la hora libre que nos espera nos levanta el ánimo a todas. Hacemos planes para ese tiempo. Les
sonrío mientras les digo que nos vemos después. Me
sonríen y se despiden.
Me apresuro en salir para llamar a mi novio que no me coge el teléfono. Le vuelvo a llamar. No me coge. Dejo de insistir. Estará ocupado.
Bajo las escaleras y me dirijo a la biblioteca. Me encuentro con una amiga y vamos juntas. Pasan seis minutos y justo cuando nos íbamos a sentar... llama. Voy corriendo al baño con la mochila en una mano, el portátil en la muñeca, la botella debajo del brazo y tratando de levantar la tapa del móvil con los dedos de la mano izquierda. Estoy nerviosa. Le echo mucho de menos y quiero oír su tono de voz al decirme que todo va bien. No logro abrir la tapa del móvil, así que en el mismo baño dejo las cosas en el suelo y abro la tapa (al fin).
Es él (claro, ya lo sabía). Su tono de voz es sereno.
Sonrío con ganas de llorar. Todo ha ido bien. Mientras lo dice empiezo a recuperar el hambre. Me acuclillo en el suelo apoyada contra la pared. Le siento muy cerca y me siento muy feliz de saber que él lo está.
Sonrío de nuevo. Hablo diez minutos con él y me despido diciéndole que he dejado a mi amiga sola. Colgamos.
Recojo las cosas del suelo y bebo de la
fuentecita del baño. Abro la puerta y me acerco a una chica que confundo con mi amiga. Me doy cuenta de que me he equivocado y me río. Es entonces cuando veo la cara de mi amiga
sonriéndome.
Pasa mi hora libre y me toca irme a clase de nuevo. Esta vez sola. Es mi primera clase en esa asignatura. Busco el aula y entro jadeando después de descubrir que el aula está justo al lado de mi clase habitual.
Sonrío, respiro
profundamente y abro la puerta. Me siento sin saber muy bien donde y preparo los apuntes. Llega la profesora. Está embarazada.
Sonrío.
La asignatura se llama Filosofía para la Paz y dura dos horas largas que me paso subrayando mis apuntes y decorando las "entre-frases" con pequeñas anotaciones. Finaliza la clase y me acerco a la profesora para resolver una duda.
Sonríe.
Sonrío.
Llamo a mi hermano para comer con él y no tarda en aparecer. Para mi sorpresa viene con dos amigos a los que echaba mucho de menos porque hacía casi un año que no veía. Han venido aposta para verme. Estoy emocionada. No dejo de
sonreír y ellos se ríen. Conversamos escasos minutos y nos despedimos.
Mi hermano y yo vamos al Mañas a por un bocadillo, pero a las 3 del medio día ya se han acabado todos. Me encuentro con una compañera de clase, una muy alegre. Le saludo y hacemos cola los tres juntos: mi hermano, ella y yo. Compramos unos
Donut's para postre. Nos despedimos y vamos a la cantina a por dos bocadillos de jamón serrano y tomate. Una vez los tenemos vamos al césped a comer. Estamos contentos y famélicos, así que disfrutamos más que nadie de nuestra comida y de la compañía. Hablamos la media
horita que nos queda juntos y después nos vamos cada uno a cumplir con su horario.
Pasa hora y media más de biblioteca y me voy a clase. Esta vez Informática. Ya es la última. Aunque hoy no me importa demasiado acabar antes o después porque no le veré a Él, que se ha ido a Madrid a acompañar a su padre en el hospital.
Se hacen las 7 tras una clase, para mí, de lo más entretenida. Somos pocos en clase y casi todos amigos. Disfruto mucho.
Acaba la clase y llamo a mi hermano que me hace una perdida en ese momento para avisarme de que ya ha acabado. Nos volvemos juntos, de nuevo cantando y
sonriendo.
Son las 22:37 y aun no he cenado, aunque en realidad no tengo hambre.
Hoy me siento feliz. Todo parece
sonreírme ( Y es solo un día más, aunque no nos demos cuenta)