Ves cosas y dices ¿por qué? Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no? (Bernard Shaw)

lunes, 15 de noviembre de 2010

Te amo



El amor es un acto de perdón interminable...una mirada tierna que se convierte en hábito. (Peter Ustinov)



Te amo porque te necesito. Te necesito para poder sentirme llena y comportarme como realmente soy. Te amo porque me ayudas a diferenciar entre el querer y el deber. Porque ejercitas mi paciencia. Porque me regalas la tuya.

Te amo porque formas parte de cada instante de mi vida y sin ti perdería el color. Te amo porque eres capaz de hacerme sonreír incluso cuando estoy llorando.

Te amo porque me conoces mejor que yo misma. Conoces mis gestos, mis ironías, mi mal carácter, el bueno, mi risa floja, mis secretos, mi forma de pensar e incluso de soñar.
Te amo porque soy adicta a la sonrisa que se dibuja en mi cara cada vez que te veo o escucho tu voz.

Te amo porque necesito sentir como tu dulce y firme abrazo me protege de todos los males que el día haya podido dejar a mis pies.
Te amo porque eres valiente, alegre, feliz, obediente, dulce, muy dulce...

Te amo porque me haces ser feliz, porque espantas mis temores y me ayudas a ser mejor.

Me encanta de ti tu manera de cuidarme, de pensar en todo cuando se trata de algo para mí, para los dos. Admiro tu capacidad de sacrificio y de darte a los demás. Aprecio tus palabras y también tus silencios.

Preciso de tus miradas, de tu consuelo, de tus historias y sueños, de tu día a día.

Te necesito porque sin ti no soy capaz de pensar las cosas antes de hacerlas. Te necesito para que me ayudes a tomar decisiones, para ser escuchada, para escuchar y así sentirme útil, para pertenecer a algo/alguien, para sentirme importante para alguien. Para tener a donde ir, para soñar con alguien...

Te amo porque me enseñas cosas esenciales que nunca antes nadie se había molestado en mostrarme. Te amo porque me ayudas a confiar más en Dios. Te amo porque todo me gusta de ti. Te amo porque me haces sentir.

martes, 5 de octubre de 2010

La sonrisa de un día más



MATEO 13:13-17

"Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo NO VEN, y oyendo NO OYEN, NI ENTIENDEN"


Miro el reloj. Son las 8 de la mañana y me espera un duro día por delante. Permanezco en la cama unos instantes mientras valoro el hecho de que un día más me he despertado, y no solo eso, sino que todo cuanto amo también lo ha hecho conmigo. No me falta nada. Sonrío y abrazo fuerte a mi peluche como me gustaría hacerlo con cada una de las personas en las que estoy pensando. Suelto una débil carcajada al aire mientras me levanto de un pequeño salto y enrojezco al pensar que alguien ha podido oírme. "Seguro que piensan que estoy loca" pienso, y vuelvo a sonreír.

Escojo rápidamente mi ropa del día y la meto en el baño. Mientras me preparo para ducharme enciendo el grifo para que se vaya calentando el agua. Me meto bajo la ducha y siento el agua templada acariciar mi cuerpo. Sonrío de nuevo. Me seco con la suave toalla que espera impaciente cumplir su función y me cambio sin esperar apenas a estar bien seca. Me quedan quince minutos para irme o llegaré tarde.
Voy a la cocina y me preparo mi Nesquik que mi novio queriéndome cuidar me ha comprado con mucha ilusión. Sonrío otra vez. Le añoro...

Aviso a mi hermano de que ya estoy lista para ir a la universidad. Cogemos nuestras respectivas mochilas y bajamos al coche. Le cuesta arrancar, está viejo y frío, pero al segundo intento se pone en marcha. Enciende la radio y los dos cantamos al unísono durante todo el trayecto. Sonreímos al hacerlo.
Al llegar a la universidad él me deja en mi facultad y se va a la suya. Le agradezco el haberme traído y me sonríe.

Me doy cuenta de que con las prisas no me he cepillado los dientes después de desayunar, así que me acerco al Mañas a comprarme un par de chicles, que espero refresquen mi boca llena de chocolate. Sonrío de nuevo. Hoy tengo dinero de sobra para desayunar, comer y merendar en la universidad.

Me dirijo a mi facultad dónde en cinco minutos empieza la primera clase. Son las 8:55
Subo los dos pisos de escaleras que me separan de mi clase y jadeando aun abro la puerta hacia la clase repleta de gente que no para de hablar frente a una profesora paciente que espera al silencio para comenzar. Un minuto más y llego tarde. Vuelvo a sonreír.
Me siento junto a mis compañeros y les pido que me ubiquen un poco en que asignatura estoy. Se ríen. Sonrío.
Pasan las dos horas de clase de Psicología Fisiológica y me doy cuenta de que, a pesar de los muchos apuntes que he tomado, me he enterado de más bien poco. Me chafo un poco, pero me vuelvo a animar al recordar que ahora tenemos 10 minutos de descanso antes de la siguiente clase: Psicología de la Motivación y Emoción.

Aprovecho para ir al baño con mis compañeras que, aunque cansadas, no paran de hablar. Yo estoy nerviosa. Ayer por la tarde operaron al padre de mi novio y aun no se nada de ellos. Sé que no han dormido, así que espero para llamarle a que descanse un poco más.
Ellas almuerzan. Yo aun no tengo hambre.

Llegamos a clase y el profesor está en ella, esperando de nuevo. Le miro y le sonrío. Me cae bien. Parece un buen hombre.

Acaba la hora de clase, más productiva que la anterior, que nos acaba de rematar. Estamos cansadas y la hora libre que nos espera nos levanta el ánimo a todas. Hacemos planes para ese tiempo. Les sonrío mientras les digo que nos vemos después. Me sonríen y se despiden.

Me apresuro en salir para llamar a mi novio que no me coge el teléfono. Le vuelvo a llamar. No me coge. Dejo de insistir. Estará ocupado.
Bajo las escaleras y me dirijo a la biblioteca. Me encuentro con una amiga y vamos juntas. Pasan seis minutos y justo cuando nos íbamos a sentar... llama. Voy corriendo al baño con la mochila en una mano, el portátil en la muñeca, la botella debajo del brazo y tratando de levantar la tapa del móvil con los dedos de la mano izquierda. Estoy nerviosa. Le echo mucho de menos y quiero oír su tono de voz al decirme que todo va bien. No logro abrir la tapa del móvil, así que en el mismo baño dejo las cosas en el suelo y abro la tapa (al fin).
Es él (claro, ya lo sabía). Su tono de voz es sereno. Sonrío con ganas de llorar. Todo ha ido bien. Mientras lo dice empiezo a recuperar el hambre. Me acuclillo en el suelo apoyada contra la pared. Le siento muy cerca y me siento muy feliz de saber que él lo está. Sonrío de nuevo. Hablo diez minutos con él y me despido diciéndole que he dejado a mi amiga sola. Colgamos.

Recojo las cosas del suelo y bebo de la fuentecita del baño. Abro la puerta y me acerco a una chica que confundo con mi amiga. Me doy cuenta de que me he equivocado y me río. Es entonces cuando veo la cara de mi amiga sonriéndome.

Pasa mi hora libre y me toca irme a clase de nuevo. Esta vez sola. Es mi primera clase en esa asignatura. Busco el aula y entro jadeando después de descubrir que el aula está justo al lado de mi clase habitual. Sonrío, respiro profundamente y abro la puerta. Me siento sin saber muy bien donde y preparo los apuntes. Llega la profesora. Está embarazada. Sonrío.
La asignatura se llama Filosofía para la Paz y dura dos horas largas que me paso subrayando mis apuntes y decorando las "entre-frases" con pequeñas anotaciones. Finaliza la clase y me acerco a la profesora para resolver una duda. Sonríe. Sonrío.

Llamo a mi hermano para comer con él y no tarda en aparecer. Para mi sorpresa viene con dos amigos a los que echaba mucho de menos porque hacía casi un año que no veía. Han venido aposta para verme. Estoy emocionada. No dejo de sonreír y ellos se ríen. Conversamos escasos minutos y nos despedimos.

Mi hermano y yo vamos al Mañas a por un bocadillo, pero a las 3 del medio día ya se han acabado todos. Me encuentro con una compañera de clase, una muy alegre. Le saludo y hacemos cola los tres juntos: mi hermano, ella y yo. Compramos unos Donut's para postre. Nos despedimos y vamos a la cantina a por dos bocadillos de jamón serrano y tomate. Una vez los tenemos vamos al césped a comer. Estamos contentos y famélicos, así que disfrutamos más que nadie de nuestra comida y de la compañía. Hablamos la media horita que nos queda juntos y después nos vamos cada uno a cumplir con su horario.

Pasa hora y media más de biblioteca y me voy a clase. Esta vez Informática. Ya es la última. Aunque hoy no me importa demasiado acabar antes o después porque no le veré a Él, que se ha ido a Madrid a acompañar a su padre en el hospital.

Se hacen las 7 tras una clase, para mí, de lo más entretenida. Somos pocos en clase y casi todos amigos. Disfruto mucho.
Acaba la clase y llamo a mi hermano que me hace una perdida en ese momento para avisarme de que ya ha acabado. Nos volvemos juntos, de nuevo cantando y sonriendo.

Son las 22:37 y aun no he cenado, aunque en realidad no tengo hambre.

Hoy me siento feliz. Todo parece sonreírme ( Y es solo un día más, aunque no nos demos cuenta)

viernes, 1 de octubre de 2010

Culpable






SÍNTOMAS:

Me meto en la cama con un intenso y nauseabundo dolor. Es un dolor curioso, poco habitual a tanta intensidad, y cuyos síntomas más visibles son: Temblores, Humedades en los ojos, Hinchazón de cara, Dolor profundo en la zona del pecho, Falta de respiración, Deshidratación (en caso grave), Falta de fuerza de voluntad y un estado estático de incomodidad.



DECLARACIÓN DEL PACIENTE:

Así es, me declaro CULPABLE de haberme dejado arrastras por el cansancio, el escozor de garganta y el de cabeza. Pero sobretodo: por el orgullo, el egoísmo, la envidia, la mala educación, la incomprensión, el instinto, la estupidez, la cobardía... (La lista sería interminable si tu no me convencieras cada vez de que la mayoría de mis defectos son, en realidad, virtudes)



TRATAMIENTO:

El tratamiento para esta "infección" es sintomático. Para los temblores se requiere de un fuerte abrazo, lo que a su vez fortalecerá la respiración combatiendo dos síntomas al mismo tiempo. En lo referido a las humedades de la zona ocular, solo se cura con el tiempo, pero un hombro firme ayuda a contrarrestar con más velocidad la molesta hinchazón e inundación. Una vez cese el síntoma anteriormente tratado, suministrar uno o dos vasos de agua mineralizada. Si después de estos pasos continúa la hinchazón, frotar la cara con agua fresca y tumbarse boca arriba relajando los músculos. Aún así es probable que el resto de síntomas (dolor en el pecho, falta de fuerza de voluntad e incontrolable incomodidad)no desaparezcan hasta que el sujeto en cuestión no logre perdonarse a sí mismo. Para ello sugerimos respiraciones lentas y profundas acompañadas de disculpas planeadas (o no, pero imprescindible que sean sentidas) para dedicarlas a la persona implicada en la enfermedad.




"Hay un remedio para la culpa, reconocerla." Franz Grillparzer

domingo, 19 de septiembre de 2010

Distance


Vuelven los peces a agitar la noche en el borde umbrío de nostalgias, el recuerdo de tu última partida sobre el fugaz polvo de la tierra.

Marlene Pasini



Hoy es un día triste. Un día lleno de pensamientos que lo son.

Te vas, se van. Se alejan de nuestro camino, temporalmente, pero no sin la nostalgia que provoca cualquier despedida. Estoy nerviosa y relajada al mismo tiempo. Mi cuerpo finge estar en armonía consigo mismo, pero mi mente no se lo cree y atormenta a mis pensamientos con recuerdos que tal vez, este año, no pueda tener.

Te alejas, se alejan... Y me dejáis sola en este mundo, que no es tan “mi mundo” como antes. También parto yo en tu viaje, en vuestros viajes.

Te acompaño, les acompaño. Pero desde aquí.


Pd: Mis plomizas palabras me pesan más en el corazón que lo que pueda reflejar el color que ellas trasmiten. Sólo recordarte, recordarles, que os echaré de menos y pensaré en vosotros, y en ti, cada día.



sábado, 4 de septiembre de 2010

Irascible




Irascible. Irascible es la palabra que me define hoy. Y lo estoy tanto que he sentido la necesidad de leer un rato a Bernabé Tierno con su "Optimismo vital". Él siempre dice que nuestra actitud depende de nosotros mismos, y sé que tiene razón, pero hoy, Dios sabe por qué, no logro sonreír sin suspirar seguidamente. Me siento distante, apagada, confusa, enfadada y ruborizada por mi enfado, decepcionada y ahogada entre mis pensamientos.

Él no lo sabe, pero estoy triste, muy triste. No logro sacarme del pensamiento lo que pasó, y a pesar de no considerarlo tan grave tras acomodarme a mis propias excusas que alivian el dolor, hoy me siento ofendida. Es solo su falta, su ausencia, eso me irrita y me debilita hasta el punto de no tener hambre, ni ganas de hacer otra cosa que no sea tumbarme en la cama, tal vez llorar, y dormir. En el fondo se que no es culpable de mi sentimiento, pero como sólo él puede calmarlo le considero el principal culpable. No es justo

Bernabé, ojala pudieras venir hasta aquí y ayudarme a ser más positiva, a encontrar alivio en tus palabras, a suplir sus abrazos y difuminar mi desilusión.

Me decepciono... si, toda mi vida conmigo misma y aun ni me conozco, ni se controlarme.



domingo, 29 de agosto de 2010

El mapa




Es como generar un mapa. Cuanto más tierra exploras, más orgulloso te sientes de tu obra cartógrafa, más grande es su dibujo, más aumenta su utilidad y necesidad hasta que llega un punto en el que sin ella seríamos demasiado frágiles y nos resultaría muy fácil perder el norte.

Resulta cada vez más mágico y entretenido, hasta llegar al punto de querer emplear todo nuestro tiempo por su causa. Cada vez aumenta el ansia de conocer esos lugares, de ampliar el mapa y descubrir un terreno sin fin en el cual la curiosidad atrapa todos nuestros sentidos dejándonos sin hambre, sin sueño, sin frío, ni calor, sin dolor... Tan solo la vista es capaz de sobrevivir para poder seguir descubriendo más y más. La vista que comunica mi interior con los floridos campos y los escarpados acantilados del extravagante y misterioso terreno que no quiere dejar de crecer. Amor


Preconsciente



Mi mente hoy parece vacía. Me siento a escribir sin ideas o reflexiones y le permito a mis dedos que hoy sean los únicos protagonistas. No se de dónde salen estas palabras. No se dónde estarán escondidas. No puedo sentirlas, solo... van naciendo a medida que mis manos presionan las teclas de mi diminuto teclado.

Releo lo que escribo y me convence, pero no soy yo. No soy conscinte de serlo al menos.
Empiezo a confiar cada vez más en Freud, el gracioso (y en mi opinión un tanto loco) psicólogo considerado como padre del psicoanálisis, que creía en el inconsciente (dichosos Ello, Yo y Superyo, no debí aprenderme tan bien esa lección).
Pero no, esto es MI PRECONSCIENTE. Jaja, me río... Se nota que estudio psicología.

Bienvenido preconsciente. Aun no te conozco, pero algo me dice que poco a poco te iré comprendiendo mejor... Eso me gusta.
A menudo me da miedo la sensación que me acecha desde mi interior y me repite que no me conozco a mi misma, que no comprendo muchas de mis acciones y, como consecuencia, actitudes. Quisiera abandonarte sensación. Quisiera no tener que encontrarme nunca más contigo. Me gustaría ser dueña de todo mi ser y comprender bien cada parte de él.

Sonrío nerviosa. Ahora la loca parezco yo, pero no estoy loca...

estoy VIVA




viernes, 27 de agosto de 2010

Un mar

En la inmensidad del mar...


Es una hermosa y despejada mañana de Abril. Estoy sola en casa y es temprano. Bostezo. Hoy me siento extrañamente serena.

Me acerco a la cocina y me preparo mi café matinal (siempre descafeinado). Una, dos, tres cucharadas. Mis ojos sonríen, mmm… ¡que dulce estará!

Aun llevo el camisón puesto. Es temprano, muy temprano. Vuelvo a bostezar.

Mientras me termino el café decido que la playa será un buen lugar para sentarme y disfrutar de una alegre vista.

Una vez elegido mi destino, hago rápidamente las tareas rutinarias y me pongo de camino. Estoy alegre. Mis pies me llevan solos. No me hace falta pensar que camino trazar, así que aprovecho para cantar.

La brisa acaricia mis cabellos y juguetea con mis dedos provocándome una gran sensación de libertad. Alzo la cabeza como si quisiera volar. Siento el sol sobre mi piel y su calor me envuelve para contrarrestar la humedad del ambiente. Ya estoy cerca, se huele en el aire… Sal.

Acelero el paso. Siempre me ha encantado el mar.

Llego junto con mi canción a un suelo blando, delicado y templado. Los minúsculos granitos de arena se esconden en cada milímetro de mi piel.

Me aproximo a una roca. Desde ella se puede observar la claridad del agua y la gracilidad de sus olas rompiendo contra la escollera. Cierro los ojos y sonrío. La siento, siento la belleza. Mis párpados descansan durante algunos minutos. Les ordeno que se abran y en mis ojos se refleja el horizonte, la inmensidad del mar.

¡Qué cosas tan maravillosas tenemos!

De repente me siento extraña. Un cosquilleo invade mi interior. La adrenalina ha vuelto a hacer de las suyas. Me gustaría saber que pensamiento ha ido a despertarla. Vuelvo hacía atrás con mi mente y trato de recordar en momento en el que ha cambiado mi estado de paz. ¡Ah sí! ¡Ha sido el mar! El mar y su inmensidad. Trato de imaginarme en él y me siento pequeña, muy pequeña. La sensación me impide pensar. Me muevo incómoda sobre la roca. Respiro hondo… Si, vuelvo a sentirlo… es él, su olor… Me tranquilizo. Vuelvo a mirar esa gran obra de arte de colores cambiantes y mirando al cielo doy las gracias. Gracias por regalarnos todas estas cosas que muchas veces no sabemos apreciar. Gracias por permitirnos tener cosas que ni siquiera aun podemos asimilar. Gracias por mandarnos señales de que no nos abandonarás.


"Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano." Arthur Clarke


miércoles, 25 de agosto de 2010

Sombras




Si miramos nuestras sombras veremos que todos somos iguales.


Jamás logré entender cuál era la diferencia entre un persona que tiene la piel de un color o de otro, que pertenece a una cultura u otra... No creo que pueda entender nunca las excusas de quienes imaginan tales diferencias y se permiten discriminar o rechazar a otra PERSONA por el mero de hecho de no ser como ellos.
En este mundo todos pertenecemos a la especie HUMANA. Todos somos, en ese aspecto, iguales.

Lo precioso es que al mismo tiempo, todo somos diferentes. Cada cual cree más en una cultura, una religión, tiene un estatus...y dentro de todo eso, le ofrece una credibilidad distinta del resto de personas que coinciden en tener las mismas características. Algunos les dan más importancia a los estudios, otros a la familia, otros a sus compañeros... y la variabilidad aumenta exponencialmente de manera que TODOS somos iguales, pero diferentes.


"Trata de no considerar inteligentes sólo a quienes piensan como tú" Hugo Ojetti

(Sonrío)