Ves cosas y dices ¿por qué? Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no? (Bernard Shaw)

viernes, 27 de agosto de 2010

Un mar

En la inmensidad del mar...


Es una hermosa y despejada mañana de Abril. Estoy sola en casa y es temprano. Bostezo. Hoy me siento extrañamente serena.

Me acerco a la cocina y me preparo mi café matinal (siempre descafeinado). Una, dos, tres cucharadas. Mis ojos sonríen, mmm… ¡que dulce estará!

Aun llevo el camisón puesto. Es temprano, muy temprano. Vuelvo a bostezar.

Mientras me termino el café decido que la playa será un buen lugar para sentarme y disfrutar de una alegre vista.

Una vez elegido mi destino, hago rápidamente las tareas rutinarias y me pongo de camino. Estoy alegre. Mis pies me llevan solos. No me hace falta pensar que camino trazar, así que aprovecho para cantar.

La brisa acaricia mis cabellos y juguetea con mis dedos provocándome una gran sensación de libertad. Alzo la cabeza como si quisiera volar. Siento el sol sobre mi piel y su calor me envuelve para contrarrestar la humedad del ambiente. Ya estoy cerca, se huele en el aire… Sal.

Acelero el paso. Siempre me ha encantado el mar.

Llego junto con mi canción a un suelo blando, delicado y templado. Los minúsculos granitos de arena se esconden en cada milímetro de mi piel.

Me aproximo a una roca. Desde ella se puede observar la claridad del agua y la gracilidad de sus olas rompiendo contra la escollera. Cierro los ojos y sonrío. La siento, siento la belleza. Mis párpados descansan durante algunos minutos. Les ordeno que se abran y en mis ojos se refleja el horizonte, la inmensidad del mar.

¡Qué cosas tan maravillosas tenemos!

De repente me siento extraña. Un cosquilleo invade mi interior. La adrenalina ha vuelto a hacer de las suyas. Me gustaría saber que pensamiento ha ido a despertarla. Vuelvo hacía atrás con mi mente y trato de recordar en momento en el que ha cambiado mi estado de paz. ¡Ah sí! ¡Ha sido el mar! El mar y su inmensidad. Trato de imaginarme en él y me siento pequeña, muy pequeña. La sensación me impide pensar. Me muevo incómoda sobre la roca. Respiro hondo… Si, vuelvo a sentirlo… es él, su olor… Me tranquilizo. Vuelvo a mirar esa gran obra de arte de colores cambiantes y mirando al cielo doy las gracias. Gracias por regalarnos todas estas cosas que muchas veces no sabemos apreciar. Gracias por permitirnos tener cosas que ni siquiera aun podemos asimilar. Gracias por mandarnos señales de que no nos abandonarás.


"Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano." Arthur Clarke


1 comentario:

Shamandalie dijo...

Jujuju
Mola escribir en 1a persona singular del presente de indicativo eh?
Veo que te has vuelto a enganchar a ésto.
^^
¡Un besito!

PD: Algún día escribiré algo así pero de la montaña xD Que a mí el mar no me va. Muy bonito! =)