Ves cosas y dices ¿por qué? Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no? (Bernard Shaw)

domingo, 19 de agosto de 2012

El poder de las cosas que nos hacen sufrir

“Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.” 
Madre Teresa de Calcuta

Hoy, desde los días de nostalgia y sufrimiento, comprendo más que nunca esta cita de Teresa de Calcuta y aprendo a no sufrir tanto por el hecho de no comprender las cosas que me causan dolor, porque confío en que el fin de este dolor es hacerme más fuerte y confiar más en Dios, que al fin y al cabo es quien nos da y nos quita lo que tenemos (siempre en nuestro propio beneficio) para acercarnos más por el camino que nos tiene preparado.

Paulo Coelho en su libro "El alquimista" llama "señales" a estos gestos, intuiciones y cambios que ocurren en nuestro camino y no llegamos a entender. En su libro, nos pide que, creamos en Dios, en dioses, en la suerte, en las simples señales o en un anciano que sabía nuestro pasado, nunca dejemos de seguir a esas señales que nos marcan el camino por el que debemos ir. Y cuando estas señales nos provoquen sufrimiento e incomprensión, que nos armemos de valor y paciencia y tratemos de darles una oportunidad obrando siempre con equilibrio entre la razón y el corazón.

Es precisamente ese equilibrio entre razón y corazón lo que tanto nos cuesta alcanzar, porque nadie más que nosotros podemos saber realmente lo que llevamos dentro. Y nadie más que nosotros deberíamos tomar decisiones sobre nuestro presente y futuro. 

A veces nos estancamos y bloqueamos ante pensamientos que nos obligan a encontrar ese equilibrio... esto puede ser también una señal... Señal de que no es el momento de actuar todavía, o señal de que no estamos preparados para tomar esa decisión. Lo mejor en estos casos es, si es un problema con una persona, comentarle de todo corazón nuestra situación, y muy probablemente encenderemos en esa persona una nueva conducta, que a pesar de que su resultado puede llegar a destruir algo que queríamos por encima de nosotros mismos... seguirá formando parte del camino que debemos recorrer.

El verdadero equilibrio está formado de desequilibrios que se van compensando constantemente, y a veces, cuando perdemos el ritmo de compensación y todo parece no tener solución, la única solución es un desequilibrio total... "una ruptura del sistema" como diría la Teoría general de sistemas en psicología. Ese cambio, será el que nos ayude a reconstruir, si debiera ser así, el camino que debemos emprender de forma correcta. Sería similar a hacer una pastel en el que sin darnos cuenta incluimos un ingrediente pasado. Y por más ingredientes que añadamos, el pastel sigue teniendo un mal sabor. Únicamente tirar el pastel y comenzar de nuevo con la receta será lo que devuelva el buen sabor al pastel. Y aunque nos haya parecido una perdida de tiempo, hemos adquirido experiencia con la receta y al no ingerirlo nos hemos evitado enfermar.

Así que vuelvo a recordarme a mi misma... que "toda acción tiene dos asas...una que vale y otra que no" Epicteto

Procuremos tomar siempre la opción que nos permite seguir de frente, apreciando y valorando el presente y con miras hacia el futuro con optimismo y esperanza... que se adquieren en momentos malos con paciencia y confianza (o fe, llamalo como quieras).

sábado, 7 de julio de 2012

 "El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es" Jorge Bucay


"Nadie se cruza en tu camino por casualidad y tú no entras en la vida de nadie sin ninguna razón" solían decir. Yo me lo creía siempre porque apoyaba ese argumento en mis experiencias pasadas, de las cuales siempre había sacado, a veces visto desde la distancia, más cosas positivas que negativas.
En muchas ocasiones pensaba en algo injusto que me había pasado con una amiga y me decía a mi misma que esa regla no servía, que únicamente percibía dolor y sufrimiento a la vez que vergüenza por dar todo y sentirme en cierto modo "defraudada". Cuando pasaba el tiempo me sentía feliz por no ser yo la que decepcionaba a los demás, por confiar en ellos hasta que me demostraran lo contrario. Y era entonces cuando me daba cuenta de que de esa experiencia había aprendido considerablemente.

No obstante, ahora es uno de esos momentos en los que me pregunto, no si no ha servido de nada conocer a esa persona... sino... "¿Habrá entrado en mi vida únicamente para esto cuando parecía que iba a tener que quedarse?"
Y no es que me parezca poco, es que me sabe a poco...

Es bastante difícil asumir que tienes que desviar del rumbo de tu vida a una persona por no hacerle daño cuando sabes que ni esa persona ni tú queréis alejaros de lo que teneís. Ese es punto débil, desordenado, sucio, incómodo y plagado de miedos y desconfianzas en el que no dejas de cuestionarte si estás haciendo lo correcto y lo mires desde donde lo mires parece que puedes hacerlo mejor, pero cuando coges fuerzas para hacerlo...vuelve a tornarse inestable y los miedos te acosan hasta arrancarte las lágrimas sin tu consentimiento. Entonces empiezas a pensar de qué manera algo tan agradable, sincero y que te completaba tanto ha dado la vuelta para producirte justo el efecto contrario... y tu sola te respondes diciendo que lo que te causa ese estado es el hecho de distanciarte de ello. Y te quedas con una pregunta en el aire cuya respuesta te resulta dolorosa por la incertidumbre de sus respuestas: "¿Por qué lo permites?"

"¿Por qué se supone que así es mejor?", "¿Por qué te sientes tan mal al intentar hacerlo de otra manera?" y las respuestas no aparecen, y la mente se bloquea a la par que la respiración se hace más pesada y los ojos se humedecen de pura impotencia.

La decisión está tomada y hay que seguir un camino... la indecisión es lo que más daña. Yo haré hoy lo que crea que debo de hacer... y quien sabe... tal vez mañana...vea que apredimos mucho más de lo que pretendíamos aprender.


domingo, 24 de junio de 2012


 
"Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta"
~John Lennon~

lunes, 18 de junio de 2012

Emoción

Los sentimientos y las emociones son el lenguaje universal que debe ser honrado. Son la expresión auténtica de quiénes somos. - Judith Wright

Sentimos constantemente a lo largo de día montones de emociones que no somos capaces de transformar en sentimientos. Percibimos continuamente las cosas bellas de la vida, a veces sonreímos, otras nos ponemos nerviosos, tristes, melancólicos, eufóricos... pero poco duran esos pequeños pensamientos sobre lo que acabamos de observar, escuchar, oler, saborear o incluso tocar.

Dedicamos nuestras vidas a cumplir objetivos, uno tras otro... "Ahora me levanto, me lavo los dientes, me preparo el desayuno, cojo los apuntes de las clases de hoy..." y antes de acabar de hacer la primera tarea ya estamos pensando en la segunda sin disfrutar todo lo que deberíamos de cada una de ellas. Cada día se vuelve más rutinario y monótono y pocas cosas consiguen ponernos el vello de punta o quemarnos por dentro.

Con esto, la vida se nos va vaciando de las cosas importantes mientras se nos llena de ansiedades, estrés, mal humor o aburrimiento general. Olvidamos que simplemente el estar en un lugar sin más puede ser una gran experiencia. Es difícil aburrirse si, cuando al fin tenemos un hueco en el que no tenemos nada que hacer, cerramos los ojos un instante y nos centramos en potenciar alguno de nuestros sentidos. Por ejemplo, cerramos los ojos y acariciamos con las manos algo que tengamos cercano, ya sea nuestra ropa, una piedra del suelo, un bolígrafo, nuestras propias manos... Una vez hecho esto nos permitimos sentir sin más la presión del tacto, el cambio que acompaña al movimiento de nuestras manos, la rugosidad o suavidad del objeto y ni siquiera nos cuestionamos si esa sensación nos resulta agradable o no. Simplemente sentimos.

Si logramos esto, conseguiremos "detener" nuestro tiempo y apreciar más detalles de nuestra vida haciendo que sea más intensa y satisfactoria. Y en realidad ¡cuantas cosas nos perdemos por permitir a la mente tapar nuestros sentidos!

Como me explicó Mariló Temprado un día, esto al principio cuesta, porque al dejar de ser niños nos privamos de esa cualidad, por lo que es posible que tengamos que aportar un mínimo esfuerzo para volver a aprender a empujar esas agujas del reloj que con tanto impetu fuerzan nuestras vidas hacia nuestro siguiente objetivo. No obstante, si lo hacemos con la suficiente frecuencia, esto no debe costarnos ningún tipo de esfuerzo más adelante, ya que pasa a ser un modo automático de vida en el que aprendemos a apreciar aquello que nos rodea.

Por mi parte he de decir, que muchas veces me dejo llevar por la corriente de la comodidad y estabilidad de las vidas ocupadas, porque es cierto que a veces da miedo pararse a valorar cuanto tenemos. Aún así, el hecho de saber que cuento con el poder de llenarme completamente con los sentidos que tengo me ha ayudado a hacer más mio mi mundo. Es algo que no se me olvida, y aunque no lo cumpla siempre, ese pensamiento viene muchas veces a revolver mi memoria y a pedirme que vuelva a experimentar sensaciones que sacien mi vida.

jueves, 12 de abril de 2012

Paloma Blanca

"Paloma blanca
Pasaste tan cerca de mi ventana
Que revolviste todo con tus alas
Me despeinaste entera todo el alma..." LODVG


Duelo

 

"Como casi siempre cuando algo se muere nace la nostalgia buscando un corazón" LODVG

 

Jamás he llegado a entender de qué manera una persona puede adaptarse a la idea de renunciar a alguien que nos importa. Si la muerte, la distancia, el tiempo, o una decisión arranca a algún ser querido de nuestras vidas, ¿cómo va a ser posible rellenar sus huecos? ¿cómo, si cada persona es totalmente diferente a cualquier otra? y si no los rellenamos... ¿de qué manera conseguimos olvidarnos de lo que un día nos hizo ser quienes eramos?

 

Sé que es un proceso de supervivencia y en el fondo es positivo que lleguemos a olvidarnos, no de la persona, pero si del dolor que el recuerdo de su ausencia provoca en nosotros. Los pasos de ese proceso los desconozco... Dudo que el tiempo tenga el poder de eliminar sentimientos... debe haber algo más... el tiempo no es nada... sólo tiempo.


Despiertas un día en el que todos tus pensamientos se vuelven en tu contra para torturarte y evocarte cada momento del tiempo compartido con esa persona o personas. El estado actual es de imitación de la apoptosis. Parece que tu propio cuerpo y mente han decidido no seguir adelante si no es con la compañía del que se fue... o echaste... Parece que quiera dañarse a sí mismo. Empieza a recordarte que podrías haberlo hecho mejor, que existían otras opciones, que eres la causa de esa situación... Acaba dando la sensación de que se disfruta de ese constante sufrimiento porque ansiamos buscar soledad para poder rememorar con tranquilidad todo aquel, ahora tormentoso, pasado. Algunos, como yo, buscamos esa distancia de los demás, pero tenemos la sensación de no querer estar solos en ese alejamiento, de necesitar apoyo, pero en cuanto nos hacemos a la idea, nos damos cuenta de que nadie de los que tenemos cerca cubre esa necesidad porque a quien realmente buscamos es a la persona desaparecida. 

Cuando reflexiono sobre ello me resulta inevitable pensar que me estoy volviendo loca. Me parece tan inestable, inseguro y desagradable que no creo que pueda ser real. 

Ojalá se acelere ese proceso... Ojalá se pudiera olvidar... 

Elecciones


Pierre Corneille decía "el que elige mal para sí, elige mal para el prójimo" mientras que C. Spurgeon decía "entre dos males no elijas ninguno". ¿Cómo saber entonces qué elegir? ¿Cómo discernir lo que es un mal de lo que no lo es?


Cuando se mezclan razón y emoción y  forman un entresijo de contrariedades se hace ardua la tarea de decidir. Es cierta la cita que menciona que "el corazón tiene razones que la razón no atiende", lo que solo añade más complicaciones al asunto. Lo que sumado a las múltiples y diversas opiniones que nos suelen dar hace que, en ocasiones, pueda resultar hasta doloroso el tener que renunciar a una elección.

Siempre me han enseñado que el poder de elegir es lo que nos otorga la libertad y lo que crea nuestra personalidad. Como menciona William M. Bulger "no hay mejor medida de lo que una persona es que lo que hace cuando tiene completa libertad de elegir". La vida es una sucesión de renuncias a unos caminos para tomar otros. Incluso cuando vamos a una heladería y decidimos tomarnos nuestro helado favorito estamos renunciando al resto de sabores. Pero cualquier acción que decidieramos llevar a cabo nos conduciría a un resultado diferente, y resulta imposible abarcarlos todos.. y aunque se pudiera, el conjunto de todos ellos nos llevaría a otro camino.

También se oye decir que "cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección". Es cierta esta afirmación, pero también es cierto que cuando se llega al punto de tener que tomar una decisión (lo que implica una alteración del estado actual) normalmente es debido a que las cosas necesitan ser cambiadas por el motivo que sea. Esa modificación siempre será mejor que la no modificación, ya que todo cambio produce unos resultados. Si éstos no superan la situación anterior, nos conducirán a realizar otro cambio y nos llevaremos como compensación la experiencia y el aprendizaje de esa situación; y si resulta que la situación mejora, es que hemos tomado el camino adecuado. Es más que sabido que esto únicamente podemos comprobarlo si avanzamos en ese recorrido. Una vez andado, ya no volveremos a caminar por ese lugar de la misma manera, porque se nos añaden los conocimientos de los que nos hemos nutrido de las experiencias anteriores.

Visto de esta manera pueden surgir dos formas de verlo:

-Produce miedo e inseguridad el hecho de que siempre estemos andado sobre un camino inexplorado y por el que no podremos regresar nunca de la misma manera.

-Es una satisfacción saber que los caminos van cambiando, y que no pasa nada si erramos. La vida es un proceso formado por constantes cambios. Lo que debemos hacer es no quedarnos parados en mitad del camino... debemos seguir siempre adelante, porque vayamos por donde vayamos, siempre tendremos una desviación en cada una de nuestras elecciones que pueda cambiarnos el rumbo.

jueves, 23 de febrero de 2012

Viejo amigo


Me refugio de nuevo en ti, como si de un viejo amigo te trataras...


Comienzo de nuevo uno de esos días en los que todo sentimiento está pasado por un agua teñida de gris. Decido alejar esas preocupaciones (que ayer ahogaban mi garganta) y no pudieron llorar. Me digo a mi misma que si no puedo apagarlas mediante las lágrimas, mi propio pensamiento debe ser quien tome las riendas y las haga desaparecer para calmar el aturdimiento que sufre mi alma.

Me incorporo en la cama, haciendo caso omiso de tu recuerdo y aquella conversación, y sonrío a mi gato que me devuelve el saludo con lametazos exfoliantes. Le acaricio durante un tiempo y decido acompañarle en mi cama 5 minutitos más; minutos que empleo para incumplir mi propósito de no torturarme con malos pensamientos. Mal comienzo.

Suena de nuevo mi despertador. Esta vez he de levantarme o llegaré tarde a clase. Saco concienzudamente mi pierna derecha de mi cálida cama y trato de sacar la izquierda tras ella. Respiro hondo. Me dirijo al cuarto de baño y Black empieza a maullar. Mientras le acaricio le indico que guarde silencio para no despertar a los demás. Ronronea. Sonrío...

En el baño me enciendo la pequeña estufa que suele aumentar cada mañana mi temperatura corporal y me siento tentada a expresar mi extraña emoción reprimida delante de ella. Me contengo y sigo con mi rutina.

Cuando salgo del baño me dirijo a desayunar y siento que mi estomago se resigna a trabajar. Decido no regalarle el placer de descansar por recomendación del médico, pero más que eso para que no puedas volver a decir que no me preocupo por mi salud.
Estoy ansiosa, frustrada y deprimida.
¿Cómo pueden cambiar las cosas siempre con tanta facilidad?
Me castigo con el recuerdo de que no voy a voy a volver a pensar en ello. (En realidad si quiero pensarlo, ¡y tanto que quiero pensarlo! Me gustaría entender el por qué, saber que hay de malo en luchar por ser felices.)

Llaman al telefonillo. Tengo que bajar y aún no me he cepillado los dientes.
Recojo, como siempre, con prisas. Esta vez no me olvido nada, es sólo la sensación de vacío.

Llego a la universidad a las 8 y me alegro de que toque mi clase preferida.
La tonalidad está empezando a cambiar de gris a azulada. Si, un poco fría, pero ya no es gris.
No pienso encender el Internet, ahora es mi hora de aprender y disfrutar con ello, de cambiar de color ese estado anímico.

Acaba la clase que tantas veces me ha recordado a ti... a ti y a mí, pero que me ha permitido sentir que existen problemas mayores, y que tengo la fuerza, la voluntad y el poder de superar todas esas nimiedades.

Tengo una hora libre en la que iré a la biblioteca... más recuerdos inevitables. Vuelvo a sentirme nerviosa, mi corazón se acelera, mi cabeza dirige la mirada al suelo como si fuera interesantísimo y el sermón de mi compañera empieza a difuminarse en el aire antes de tener la posibilidad de entrar siquiera en mi conducto auditivo. Mientras habla, le dirijo estratégicamente a lugares en los que me pueda sentir a salvo de posibles imprevistos. Las nimiedades ya no lo son tanto.
Nos sentamos. Saco el material para el trabajo y me concentro en lo que tenemos que hacer. Mi pierna adquiere síntomas parecidos al Parkinson... La ignoro... hoy no me cae del todo bien.
Desganada me centro en el tema y antes de que me de cuenta ya es la hora de volver a clase.
Nuevas estrategias... vuelta a la conversación con el suelo mientras mi cuerpo baila al compás de los sonoros latidos de mi corazón.

Laboratorio de psicopatología. Me alegro, la pobre paciente lo está pasando peor que yo, si busco soluciones para ella no me dará tiempo de pensar en mí... en nosotros. Las dos horas dan mucho gusto sólo he pensado en ti unas 6 veces. Mi compañera me sonríe... le devuelvo la sonrisa pero no se que me está diciendo. Se ha acabado la clase. La gente se levanta.
Nos dirigimos a la práctica de aula de psicología del lenguage, no sin antes nuestra parada técnica en el cuarto de baño, y mientras la espero me entretengo intentando que mi móvil se conecte de una vez a la red de la universidad. Se conecta. Apareces... Estás mejor. Hoy has dormido un poco más y estás más tranquilo. Me alegro, pero no lo suficiente como para quitarme las gafas grises que oscurecen mi soleado día.

Sale mi compañera del baño y me encuentra sentada ya en mi sitio con el "tembleque" que comúnmente me acompaña cuando estoy simpatizando con mi Android. Se sienta a mi lado y comparto con ella algunos tweets, a ver si su risa me alegra la mañana. A los 20 minutos aparece la profesora por la puerta. Se acabó móvil.

Le hago notar a mi compañera el parecido de esa nueva profesora con el profesor Snape de Harry Potter... que curioso. Se ríe y me siento un poco mejor. Río con ella. La nueva Snape nos mira. Ya no me hace tanta gracia... Me doy cuenta de que la mayoría de la gente no le presta atención. Nadie responde a sus preguntas. Como la mujer se ha equivocado y está dando lo mismo en la práctica de aula que en el laboratorio, respondo yo a todas sus preguntas. Al principio me alegro de aligerar esos silencios tras las preguntas, pero a la cuarta que respondo yo empiezo a sentirme un poco incómoda. Empiezo a mirar la hora. Cada 10 minutos. Cada 5 minutos. Cada 2. ¡Ya es la hora!

Recojo y salgo corriendo. Tengo ganas de llegar a casa, tumbarme en la cama con Black y meditar un poco sobre lo que estoy sintiendo.
Llego a casa y no me quedo sola ni un momento. Puuuf... vaya fastidio. Me siento en el suelo para sentirme, al menos, un poco más distante de los demás, pero no tarda en volverse una queja. Me levanto y lo dejo estar. Ya tendré tiempo de expresarme.


Nos llaman a comer. Me sirvo medio plato de comida y empiezo a deborarlo a toda prisa para volverme a la habitación. Siento que voy acelerada y pienso que no hay nadie que me esté esperando. Recuerdo de nuevo la recomendación del médico de comer despacio e intento relajarme. Él me sonríe. Yo me siento vacía, así que lleno mi boca para no tener que responder.
Me tomo la fruta, meto los platos en el lavavajillas y voy al baño a cepillarme los dientes. ¡Vaya paz! Ojalá pudiera quedarme aquí todo el tiempo. Me encanta que los cuartos de baño tengan pestillo y estufita.
Opino que ya llevo demasiado tiempo cepillandome los dientes y no quisiera levantar sospechas de mis ansias de soledad.

Vuelvo a mi habitación y el está jugando con sus nueva tablet. Sonrío... así podré escribir para desahogarme. Pero... ¿dónde? No quiero que sepas cómo me siento porque me gustaría ayudarte a sentirte mejor contigo mismo. Aunque no creo que pueda tragar mucho tiempo más... Necesito un escape de alguna manera.

¡Aha! Lo encontré... mi viejo amigo...