“Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios,
llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que
no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios
quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.”
Madre Teresa de Calcuta
Hoy, desde los días de nostalgia y sufrimiento, comprendo más que nunca esta cita de Teresa de Calcuta y aprendo a no sufrir tanto por el hecho de no comprender las cosas que me causan dolor, porque confío en que el fin de este dolor es hacerme más fuerte y confiar más en Dios, que al fin y al cabo es quien nos da y nos quita lo que tenemos (siempre en nuestro propio beneficio) para acercarnos más por el camino que nos tiene preparado.
Paulo Coelho en su libro "El alquimista" llama "señales" a estos gestos, intuiciones y cambios que ocurren en nuestro camino y no llegamos a entender. En su libro, nos pide que, creamos en Dios, en dioses, en la suerte, en las simples señales o en un anciano que sabía nuestro pasado, nunca dejemos de seguir a esas señales que nos marcan el camino por el que debemos ir. Y cuando estas señales nos provoquen sufrimiento e incomprensión, que nos armemos de valor y paciencia y tratemos de darles una oportunidad obrando siempre con equilibrio entre la razón y el corazón.
Es precisamente ese equilibrio entre razón y corazón lo que tanto nos cuesta alcanzar, porque nadie más que nosotros podemos saber realmente lo que llevamos dentro. Y nadie más que nosotros deberíamos tomar decisiones sobre nuestro presente y futuro.
A veces nos estancamos y bloqueamos ante pensamientos que nos obligan a encontrar ese equilibrio... esto puede ser también una señal... Señal de que no es el momento de actuar todavía, o señal de que no estamos preparados para tomar esa decisión. Lo mejor en estos casos es, si es un problema con una persona, comentarle de todo corazón nuestra situación, y muy probablemente encenderemos en esa persona una nueva conducta, que a pesar de que su resultado puede llegar a destruir algo que queríamos por encima de nosotros mismos... seguirá formando parte del camino que debemos recorrer.
El verdadero equilibrio está formado de desequilibrios que se van compensando constantemente, y a veces, cuando perdemos el ritmo de compensación y todo parece no tener solución, la única solución es un desequilibrio total... "una ruptura del sistema" como diría la Teoría general de sistemas en psicología. Ese cambio, será el que nos ayude a reconstruir, si debiera ser así, el camino que debemos emprender de forma correcta. Sería similar a hacer una pastel en el que sin darnos cuenta incluimos un ingrediente pasado. Y por más ingredientes que añadamos, el pastel sigue teniendo un mal sabor. Únicamente tirar el pastel y comenzar de nuevo con la receta será lo que devuelva el buen sabor al pastel. Y aunque nos haya parecido una perdida de tiempo, hemos adquirido experiencia con la receta y al no ingerirlo nos hemos evitado enfermar.
Así que vuelvo a recordarme a mi misma... que "toda acción tiene dos asas...una que vale y otra que no" Epicteto
Procuremos tomar siempre la opción que nos permite seguir de frente, apreciando y valorando el presente y con miras hacia el futuro con optimismo y esperanza... que se adquieren en momentos malos con paciencia y confianza (o fe, llamalo como quieras).






